
Seis aviones y dos patrullas militares en el Festival de Gijón 2009
Cerca de medio millón de personas acudieron a una cita aeronáutica que destacó por su corta duración
La ausencia del Apagafuegos Canadair CL-215, que estuvo atendiendo a sus obligaciones en diversos incendios en la península, fue la nota más significativa del Festival Aéreo de Gijón, celebrado, el pasado 26 de julio. Esta última edición se mantiene en su tónica de ser un “minifestival” de escasas dos horas de duración que, eso sí, es capaz de concentrar a más de 400.000 personas, según fuentes de la organización, aunque es probable que esta cifra alcanzase el medio millón. La alcaldesa de Gijón, Paz Fernández Felgueroso, acogió con espíritu constructivo las quejas por la brevedad de un espectáculo capaz de mover a mucha más gente que el fútbol.
El trabajo desarrollado por el helicóptero de los Bomberos de Asturias, demostrando sus habilidades ante la playa de la bahía de San Lorenzo, suplió la obligada ausencia del tradicional Apagafuegos, cuya exhibición es esperada por el público, por su simpatía y por la personalidad que su tripulación es capaz de aportar. El helicóptero de los bomberos del Principado dio una lección sobre el difícil manejo de una aeronave de la que cuelga un pesado aljibe lleno de agua, haciendo gala de ritmo y de sentido del espectáculo.
Una impresión opuesta proyectó el helicóptero de Salvamento Marítimo, un impresionante Agusta Westland 139, cuya intervención fue tan efímera como esperada. Ni siquiera estuvo dos minutos en el espacio aéreo de la bahía.
El campeón del mundo de acrobacia, Ramón Alonso, a los mandos de su Sukhoi-31 (deportivo), concentró la atención del público asistente, que, en buena medida, provenía del resto del Principado de Asturias y de otras comunidades autónomas limítrofes. La patrulla acrobática Culebra, integrada por los campeones Cástor Fantoba y Juan Velarde, demostró, de nuevo, en Gijón, que su talento mejora por momentos. Culebra tiene ya pleno nivel europeo e hicieron levantar las manos y las gorras de los cientos de miles de personas que se distribuían en la bahía, desde el cerro de Santa Catalina hasta la zona del camping gijonés, un escenario de unos 4 kilómetros .
El resto del festival estuvo a cargo del Ejército del Aire, que desplazó hasta Gijón un avión de combate F-18 del Ala 12 (base madrileña de Torrejón), la patrulla de helicópteros ASPA y el broche final, que se reservó para la Patrulla Águila y sus siete reactores de enseñanza básica avanzada, CASA C-101.
La Patrulla ASPA, compuesta por cinco helicópteros EC-120 Colibrí, hizo en Gijón su primera exhibición en un festival aéreo en 2009. Proveniente de la Escuela de Helicópteros del Ejército del Aire, de Armilla (Granada), el desplazamiento de estas unidades y del equipo de mecánicos que las atienden constituye un genuino esfuerzo, dada su escasa autonomía. Su exhibición gustó mucho al público gijonés, aunque esta formación acrobática está pidiendo a gritos un sistema de humos, con los que dibujar sus figuras en el aire, lo que ayudaría a su mejor comprensión por parte de un público que, en su mayoría, no está acostumbrado a este tipo de espectáculos.

Página de Festival Aéreo de Gijón
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