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El camello, el caballo y el comité de diseño

Las patrullas Águila y Culebra, un Seahawk de la Armada y el locutor salvaron a Cádiz de su festival aéreo

Foto: AeromagazinesUna impresionante exhibición de la Patrulla Águila, la última de esa temporada en un festival español; el extraordinario trabajo de Cástor Fantoba y Juan Velarde (Patrulla Culebra), que puso al público en lo más alto del entusiasmo; un helicóptero SH-60 Seahawk de la Armada, que dejó helado al personal, y la capacidad de comunicación del locutor, Antonio Hinojosa, además de la siempre efectiva PAPEA, salvaron la segunda edición del festival aéreo gaditano, una cita que, de haber faltado estos factores, se habría hundido, por anodina, en el fondo de la “tacita de plata”. Porque el Ayuntamiento de Cádiz puso sobre el mantel la peor organización que se ha visto en 2009, para el mejor público de Europa.

 

Y lo hizo con afán recaudatorio: cada puesto de venta de productos típicos de festivales aéreos pagó 750 euros, por trabajar durante dos horas y media. Algunos llevan años en este negocio y aún recuerdan los viejos tiempos del mercado libre. Pero el mercado deja de ser libre, en cuanto crecen los intereses. Y así, durante unos años, se han visto comerciantes animando las playas, sacando apenas cuatro gordas. Ahora, ni eso: se las quedan algunos ayuntamientos.

 

La zona habilitada para este tipo de puestos quedó en los confines de la playa de la Victoria, precisamente donde nadie llegaba, con lo que ese dispendio de 750 euros no tuvo compensación de ningún tipo. El puesto de la Patrulla Águila también se vio afectado por este destierro y el personal que lo atendía tuvo que arrastrar, por todo el paseo marítimo, las pesadas maletas en las que guardan sus piezas desmontadas, a paso de marcha y con el riesgo de que se les escapara un autobús que no esperaba.

 

De no haber sido

 

Foto: AeromagazinesDe no haber sido porque la Patrulla Águila atrajo al personal a la playa de la Victoria y de no haber sido porque actuaba en su tradicional última posición, cabe preguntarse durante cuánto tiempo habría soportado el público que, por segundo año consecutivo, el Ayuntamiento de Cádiz les presentase como acrobacia un vuelo estacionario de un harrier. Pero en esto, como en tantas otras situaciones, merece la pena recordar a Churchill, que dijo que “un camello es un caballo diseñado por un comité”, porque es la única forma de explicar semejante confusión, argamasa y matalotaje de churras y merinas.

 

En todo caso, un estacionario de harrier no tiene nada que ver con los cruces del Par Águila o con el tonel volado de la Patrulla Culebra, enfilando en perpendicular hacia el público. Falta muy poco, para que Fantoba y Velarde ocupen el puesto que merecen en el parnaso de la acrobacia internacional. Cada vez se hacen más necesarios en los festivales aéreos, para que se vea acrobacia de la Foto: Aeromagazinesbuena realizada por pilotos españoles que desprecian las “Gs” negativas de la economía, en tiempos de crisis, y que, en estas circunstancias económicas, son capaces de alcanzar un alto nivel internacional. Ambos pilotos saludaron, a través de la megafonía del festival, al público gaditano y a quienes se desplazaron a Cádiz para verles.

 

Pero parece que falta mucho, para que un piloto de harrier demuestre que el suyo es tan avión como el eurofighter, sin ir más lejos, y que se mueve y todo. Y que no sólo sirve para hacer ruido. Falta mucho, por desgracia, para que se excluya de la acrobacia aérea a lo que no es acrobacia aérea y para que se excluya de los festivales aquello que de festival sólo tiene un poquito.

 

Tiempo

 

Sólo con que el Ayuntamiento de Cádiz le hubiera dedicado un par de horas más al espectáculo, lo del harrier habría quedado diluido, dentro de un evento amplio, y no se habría notado tan estruendosamente que el avión de la Armada abandonó el festival, cuatro minutos antes de lo previsto. De no haber sido porque Antonio Hinojosa estaba a cargo del micrófono, manteniendo el nivel de tensión entre el público asistente, la playa se habría quedado vacía. Lógicamente.

 

Foto: AeromagazinesLa Armada Española aportó también un helicóptero SH-60 Seahawk, que realizó uno de los trabajos más espectaculares que haya hecho un aparato de estas características, en un festival español, en los últimos años. La tripulación de este helicóptero no quiso limitarse a volar, sino que se atrevió a hacerlo bailar en el aire, con una serie encadenada de figuras, en las que los giros forzados y un dinamismo de escándalo demostraron que la Armada también dispone de tripulaciones excelentes que saben cómo funciona su aeronave, para qué sirve y de qué extraordinaria manera se supera lo imaginable. Porque un festival aéreo es el lugar donde se ve, precisamente, aquello que no es habitual en un avión. Y cuando eso se hace con un aparato enorme y potente, como el Seahawk, es cuando se consigue que el público se sienta partícipe de un festival. Lógicamente.

Foto: Aeromagazines

 

 

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