

El Club Alas de San Javier inauguró su pista de vuelo para aeromodelos
El club murciano concede a Domingo Tormo su primer premio “Pioneros del Aeromodelismo”, por su contribución a la divulgación de esta afición
Siguiendo los designios que la madre naturaleza tiene reservados a los seres humanos, el Club de Radio Control Alas de San Javier (Murcia) ha tenido que esperar los nueve meses que son de rigor, antes de parir su propia pista de vuelo. La inauguración se celebró, el pasado 8 de noviembre, en el Paraje de Torre Saavedra de la localidad murciana vecina del Mar Menor, probablemente la zona de España con mayor concentración de aeromodelistas por kilómetro cuadrado y donde se detecta el mayor derroche de esfuerzo personal y económico para una pasatiempo que ya es manía. El nuevo Club Alas es el resultado de un caldo de cultivo muy abundante en todo Levante, capaz de saltar las barreras de la crisis económica que nos zarandea, porque esta afición no es barata.
Pudo apreciarlo de cerca la alcaldesa de San Javier, Pepa García, que acudió a la inauguración, revestida de toda su dignidad institucional, como merecía el acontecimiento. Una alcaldesa debe encontrarse con su pueblo, allí donde éste se coloque, y las autoridades locales de toda Murcia saben lo que le gusta a su gente.
De hecho, siempre que se produce un acontecimiento como el del pasado domingo en San Javier, se despierta un mecanismo de solidaridad que afecta a quienes padecen de cervicales, de tanto rebuscar en las alturas el paradero de un aeromodelo que dirigen desde tierra y para el que han tenido que desembolsar lo que no se dice, dedicándole horas de esfuerzo y estudio. En esta enfermedad del aeromodelismo, se aprende “ingeniería aeronáutica sin complejos”, a base de sierra de pelo, lima, calculadora y el librillo de “mecánica de andar por casa”. El resultado es una suerte de encaje de bolillos, de manera que el producto final reproduzca el formato y las proporciones de un determinado avión de verdad. Y que, además, vuele.
Paco Cuadras y su helicóptero pachequero
Cuando estos aparatos y quienes los vuelan hacen acrobacia, es cuando se tira todo por la borda y se monta un club. Y ese club pasa a serlo con todos los honores, cuando consigue su propia base aérea: su propia pista de vuelo. Es normal que el resto de la demencia aeronáutica de la zona se vuelque en eventos como la inauguración de la pista del nuevo Alas de San Javier. Si en esto no haces piña es que las piñas no se hacen. Y así, en la fiesta del domingo en el Paraje de Torre Saavedra, Paco Cuadras, el mago del “ala móvil” de Los Halcones de Torre Pacheco, regalara una exhibición inmejorable con su helicóptero. Los Halcones son, probablemente, uno de los clubes más inquietos de la zona y están a punto de crear escuela propia. ¡Cómo iban a faltar a la inauguración de la pista del Alas!
El nuevo club tiró la casa por la ventana, en la mejor costumbre del aeromodelismo murciano. Y es que la Región de Murcia es, probablemente, la única zona de España donde los clubes de radiocontrol ponen la comida y la bebida a la misma altura que el vuelo de sus modelos. Nunca vale con un simple tentempié para ir tirando. Se busca dejar huella en el estómago, casi tanto como en la nuca. El presidente del Alas de San Javier, José Conesa, con su “guardia de corps” conformada por Ángel Vera, Salvador Navarro y Ángel Pedro, se empeñó en que el 8 de noviembre de 2009 pasara a los anales de la historia del aeromodelismo. Todo se andará, con el paso del tiempo, pero, de momento, la alcaldesa Pepa García ya cuenta con el hito de la pista de vuelo, como hecho destacable en los anales de la localidad. Y eso es comenzar con el mejor pie.
Domingo Tormo, pionero más votado
Y para no dejar nada en el tintero, el abajo firmante se salta una norma sagrada del periodismo y se convierte en inevitable objeto de la noticia, puesto que recibió con orgullo la primera edición del premio “Pioneros del Aeromodelismo”, con el que el nuevo club murciano quiere reconocer a quienes más han contribuido a la divulgación y la práctica de esta afición, durante el último año. Y lo que más me enorgullece es que, en este caso, de nada me hubiera servido un peloteo para el que tampoco estoy capacitado, pero del que siempre te acusan los malpensados. A este premio no puede uno presentarse, porque es a propuesta de los socios, quienes, además, votan. De ahí, que, como primer premiado, me sienta el doble de agradecido a una afición, como es el aeromodelismo, que nace de la gente y vive alejada de tejemanejes propios de jerarcas y estómagos agradecidos de similar pelaje. Por muy altos que suban los aviones, el aeromodelismo es una forma de entender el mundo que nace de la tierra. Por eso, este premio, para mí, equivale a un “príncipe de Asturias”.
No me resisto a confesar que esta afición movió mi vida, desde mucho antes de que, en 1957, ingresase en la Escuela de Especialistas de Aviación, de León, del Ejército del Aire. El aeromodelismo me llevó hasta León, que era lo que tenía más a mano para acercarme a un avión de verdad. El aeromodelismo me permitió sobrevivir a unas temperaturas que sólo se conocen en León, donde conocí por primera vez la comida congelada. El aeromodelismo me empujó para aplicarme y quedar en el primer puesto de mi promoción. Fue por el aeromodelismo, por lo que metí más horas que las que pedía el reglamento, para atender los primeros vuelos de la Patrulla Águila. Mi afición por el aeromodelismo me facilitó seguir sus figuras desde tierra (yo estaba acostumbrado a no perder de vista pequeños puntitos con alas), mientras ensayaban, con mi cámara tomavistas. Esas fueron las primeras filmaciones que se hicieron a la patrulla acrobática del Ejército del Aire, directa y expresamente con la intención de analizar la calidad de sus vuelos. El caso es que alcancé el grado de capitán y no se puede negar que el aeromodelismo influyó lo suyo.
En la actualidad, he vuelto a mis orígenes, al aeromodelismo y al autogiro, cuyos secretos quiero dominar, porque ya no lo puedo dejar. Es una enfermedad de la que no me quiero curar. Domingo Tormo.
NOTA DE LA REDACCIÓN. Desde la redacción de AEROMAGAZINES, queremos hacer llegar a nuestro corresponsal y amigo Domingo Tormo Monllor nuestra más cálida felicitación por el reconocimiento recibido, por su esfuerzo, sinceridad y ganas de trabajar. Con su trabajo, Domingo Tormo hace algo más que ser notario de la actualidad, porque su palabra sirve de aval para nuestra agencia de noticias. Sigue enfermo de eso y no te cures nunca.

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Página del Club de Aeromodelismo Alas

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