

Un Focke-Wulf 190 bombardea el campo del Club de Aeromodelismo Mar Menor
El encuentro de maquetas y semimaquetas de la I y II guerras mundiales reunió los mejores trabajos de Murcia y comunidades limítrofes
Nueva muestra de maquetas y semimaquetas de la Primera y Segunda guerras mundiales, a cargo y cuenta del Club de Aeromodelismo Mar Menor, de Murcia, el pasado día 16. Excelente entrada y excelentes trabajos los que pudieron admirarse, en su campo de vuelo, donde se reunieron las mejores emisoras y los más respetados “manitas” de esta región y de otras limítrofes. En todo caso, es obligado hacer referencia al creciente poderío de Murcia, en esta enfermedad crónica del corazón que es el Aeromodelismo, aunque se corra el riesgo de que alguien bombardee los campos de aterrizaje.
Y es que el encuentro homenajeaba diseños que han hecho historia de la aviación, que de ningún modo veríamos volar, de no ser por las hábiles manos de estos ases de la cola, la lima y la obsesión por el detallito. Los modelos lucieron más, a cuenta de un día magnifico (como sólo pueden darse en la región con más días anuales de luz de España), pero, sobre todo, por aportaciones que, es justo decirlo, sólo se ven por aquí. José Lalanza es un alicantino aspirante al Príncipe de Asturias del Aeromodelismo, si lo hubiera, a la vista de lo que es capaz de hacer y de la precisión con la que maneja sus creaciones.
Lalanza, un maestro en esas lides, presentó un Focke Wulf-190, de 15 kilogramos de peso, capaz de impresionar, por la perfección de su acabado, a gente que ha visto mucho, muy bueno y durante muchos años. Pero es que Lalanza presentó su avión con una bomba bajo la panza, exactamente igual a las que estos aviones llevaban en la Segunda Guerra Mundial, aunque, eso sí, con un pequeño explosivo en su interior. Lalanza hizo honor a su apellido y la lanzó; y lo hizo con tal precisión, que dio en el blanco y detonó, todo ello con gran realismo. Escribiendo sin pelos en el teclado, uno se siente orgulloso de poder decir que es aeromodelista y que, de no ser por el Aeromodelismo, Hollywood no hubiera llegado donde ha llegado, en materia de cine bélico. Y eso es así, porque lo he visto yo, como dice la canción.
El campo más amplio
El buen tiempo animó a salir de casa a los aficionados a esta especialidad y se superaron todas las previsiones de asistencia. Los problemas lógicos de la aglomeración fueron solucionándose, gracias a la excelente organización y a disponer del campo de aeromodelismo más amplio de España. Algo de agradecer, porque, cada vez que se mueve un aeromodelista, hay una furgoneta que hace lo mismo: no se puede transportar un aeromodelo de estas características con todo lo que precisa, en una bolsita del súper.
Por eso, se desplazaron equipos, desde Alicante y Benidorm, pero también desde Granada, una excursión digna de ser calificada como raid, porque, al fin y al cabo, lo que se traslada es un avión. Representando a la Región de Murcia, acudieron las emisoras más activas, entre las que destacaron “Los Halcones” de Torre Pacheco, los representantes de Yecla y Siscar RC de Santomera, entre otros. De la capital murciana, llegaron Club Fénix, Club RC y el recientemente creado Club Clemente Riera, que, desde su propia denominación, rinde recuerdo a un entrañable compañero con denominación de origen propia, quien sigue volando en el cielo.
Más de 70 aeromodelos surcaron los aires que envuelven al Club Mar Menor, teniendo la precaución de que no coincidiesen más de cuatro al mismo tiempo. Micrófono en mano, nuestro amigo Paco (hay ocasiones en que la calidad del trabajo sustituye a la deferencia que se debe al apellido, y así, Paco, de Mar Menor, es, en el más amplio sentido del nombre, Paco), sin parar de organizar y amenizar los vuelos, nos dio una lección magistral de cómo dinamizar un espectáculo, al servicio del general contento. El resto de la directiva se afanó en preparar esos “desayunos bajo las carpas” que han conseguido para el Aeromodelismo murciano un hueco en el mundo de la gastronomía, dicho sea sin demérito del resto de peculiaridades autonómicas, todas dignas de encomio, aunque a cada cual lo suyo.
Seguridad
Y atendiendo la nueva y draconiana normativa que nos sitúa a la misma altura de exigencias que el festival de Vigo o el cumpleaños de la Patrulla Águila, el Club Mar Menor controló hasta la exageración todas las medidas de seguridad. Para hacerse una idea, había un constante pulular de chalecos fluorescentes organizando el asunto.
Algunos estrenaron el avión, ese mismo día. Así ocurrió con el Sopwith de Jose Luis Cuevas, de Granada, un gran biplano que nos confirmó, una vez más, que cuanto mas grandes son los aeromodelos, mejor vuelan. La maqueta, que emulaba el diseño más famoso del inglés Thomas Octave Murdoch Sopwith (apréciese en este caso que sólo Sopwith es apellido) y su Sopwith Aviation Company , fue el trabajo más admirado, por su exactitud en las proporciones, respeto a los planos originales y desprecio a las prisas, a la hora de construirlo.
La nota humorística la puso Paco Giner, de Benidorm, que, con su habitual buen humor, puso al piloto de su Albatros a comerse una paella de arroz con el del Sopwith, en una celebración de la paz, a través de los tiempos, ante aviones de guerra.
La mayoría de las maquetas tenían una gran calidad y estaban hechas artesanalmente. Pero no nos cansaremos de renegar de la falta de tiempo que alegan los nuevos aeromodelistas. Viven en un mundo de prisas, de manera que van avanzando tanto, en el mercado, las maquetas “todo listo para volar”, que estamos perdiendo el verdadero sentido del Aeromodelismo. Esas maquetas son para empezar: aquí, se trata de hacer aviones, amiguitos. Domingo Tormo.
Galería Fotográfica
Página del Club de Aeromodelismo Mar Menor

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