

La cantera de la NASA despega en Murcia
El Club de Aeromodelismo Mar Menor reunió a la élite murciana del avión a escala, para la III Concentración de Maquetas y Semimaquetas y el Memorial José Plazas
No hay ni un solo proverbio chino que diga “cuando vayas al país de los enanos, fíjate bien, porque te pueden enseñar a saltar por todo lo alto”. Qué pena, porque, si fuese un proverbio chino, le hubieran hecho más caso que siendo español. Y hasta que demos con un chino de la China dispuesto a firmarlo como propio, que estamos en ello, tendremos que seguir aguantando mecha, en esta tierra de desagradecidos.
Lo digo, antes de entrar en el asunto del Club de Aeromodelismo Mar Menor, para ilustración de un público lector que puede haber dado en errar sobre que esto del aeromodelismo es una forma de pasar el rato y poco más. De eso nada, monada: no me seáis pepinillos. Porque tenemos en España a un importante aeromodelista que está trabajando en un muy serio proyecto UAV (o sea, vehículo aéreo no tripulado) para poner en el mercado un avión experimental que va a ser capaz de volar a 180 kilómetros por hora, a 4.800 metros de altura, riéndose de las condiciones meteorológicas, vigilar costas, buscar de día y de noche a náufragos y personas perdidas, a varios cientos de kilómetros de distancia, y vigilar para evitar incendios, entre otras cosas. Un aparato que despega y aterriza él solito. Pues ya verás cómo lo compra un servicio de guardacostas “guiri” y, luego, se lo vende al ministerio en cuestión, como si fuera idea propia. ¿Que no...? Pero si ya ha ocurrido, hombre...
Esa fue la comidilla de los cascarrabias, con la que aportamos nuestro granito de arena en pro de un mundo mejor, durante la estupenda sesión de aeromodelismo que el murcianísimo Club Mar Menor organizó, el pasado 22 de mayo, con motivo de la III Concentración de Maquetas y Semimaquetas que se hizo coincidir con el primer Memorial José Plazas, un pionero del aeromodelismo en Murcia, recientemente fallecido y de quien aprendimos muchas cosas y ninguna de ellas mala.
Para empezar, vaya por delante que también la gente de Mar Menor organiza las cosas como dios manda, que aquí, en Murcia, somos muy mirados para eso. Lo digo, porque la labor de acotado de la “muy señora” pista del club se llevó por delante un kilómetro menos cien metros de cinta señalizadora, del tipo de la que ponen en la serie CSI para que nadie plante las pezuñas donde no debe. Menudo paseíto para montarla y para recogerla. La pusieron brillante, aprovechando el solazo (el solazo es cosa nuestra, lo fabricamos aquí, y quien quiera un poco que se ponga a la cola), para que todo el público asistente (no sé cuánta gente que había por allí) tuviera muy claro cuál es la línea divisoria que separa el bien del mal.
Murcia en pleno
Haciendo gala de la tradicional hermandad con que los clubes de aeromodelismo murcianos se cotillean la despensa los unos a los otros, hay que señalar que apenas faltó nadie a la cita del Club Mar Menor. Allí estaban Los Halcones de Torre Pacheco, Aero Murcia, el Club Clemente Riera, el Top Gun Cehegín y el Fénix. Lo mejorcito de la zona, en lo que viene siendo el pequeño volátil, la punta de lanza del aeromodelismo y la semilla con la que se siembran los proyectos tecnológicos de altísimas prestaciones, como lo del UAV con que he abierto esta crónica. Cuando repartan los laureles, no olvidéis que lo más grande se forjó, en torno a estos impresionantes congresos del embutido murciano que son los encuentros de aeromodelistas de esta región. Esta es la cantera de la NASA, o al menos de nuestra NASA, y conviene insistir, porque no tenemos abuela y para conjurar la norma de “si te he visto, no me acuerdo” que es el primer mandamiento patrio, desde que a Viriato le dieron “la blanca”.
El premio a la mejor maqueta se lo llevó Salvador Ibáñez, un halcón de Torre Pacheco que ha dedicado un montón de meses de su vida a un Tiger Moth que da gloria verlo y que lo hace volar con extraordinaria elegancia. Cosa de verlo, para creerlo. José Miguel Montilla, del Club Clemente Riera, se adjudicó el galardón reservado para la mejor semimaqueta, con un Percival Mew Gull muy fotografiado, porque se trata de un modelo muy poco visto, pero con un diseño muy especial, muy bonito. Montilla se llevó el mencionado premio, a pesar de que el Perci no llegó a despegar. Y conviene explicar el asunto, a mayor gloria del sentido común del Aeromodelismo, porque la norma es que, cuando las maquetas no vuelan, se les anula la puntuación que obtienen en la exhibición estática. Pero, en esta ocasión, los premios se dilucidaron por votación de los propios participantes. Y al Perci de Montilla lo votaron todos. Así que la directiva del Mar Menor se saltó la norma, por aclamación de los participantes. Y es que no conviene grabar las cosas en piedra, porque, luego, cuesta cambiarlas años de injusticia e iniquidad. Ahora bien, que conste que tiene que darse una situación como la que se dio.
Y hubo un momento alegremente triste, cuando se entregó al hijo mayor de José Plazas un recuerdo, con motivo del primer memorial que el Club de Aeromodelismo Mar Menor organizaba en su nombre. Por ser la primera vez, asomó alguna lágrima, pero todos sabemos que el bueno de José Plazas se quedó con lo más divertido, que es el Aeromodelismo. Y esas risas que hacemos. Que aquí se discute muy poco. Para qué vas a andar con broncas, si, como decía aquel jefe de la Patrulla Águila, “bastante tengo con lo que tengo”. Domingo Tormo.
Galería Fotográfica
Página del Club de Aeromodelismo Mar Menor

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