
El Festival Aéreo de Gijón se hace mayor de edad
La cita anual de la playa de San Lorenzo marcó un antes y un después y puso a la cita gijonesa en el trampolín, para dar un salto que puede ser espectacular
La última edición del Festival Aéreo de Gijón, que tuvo lugar, el pasado 31 de julio, en la playa de San Lorenzo, ha marcado un antes y un después, para un evento que ha cumplido su sexto aniversario y que parecía relativamente anquilosado y excesi
vamente dependiente de lo que pudiera aportar el Ejército del Aire. Después del último espectáculo, en el que las 400.000 personas “asiduas” a la cita anual de la playa de San Lorenzo se beneficiaron de una mayor superficie disponible en el más famoso arenal gijonés, ya que la marea se puso de su parte, puede decirse que el festival ya ha despegado. Ha demostrado que dispone de organización, que ésta actúa con criterios independientes y que es capaz de hacer encaje de bolillos, en complicadas negociaciones con la Armada, en tiempos difíciles, porque a la restricción de la presencia de la aviación militar en festivales se añade una paralela reducción de los presupuestos con los que se contratan aviones y se cubren gastos.
El ayuntamiento de la ciudad ha aportado entre 80.000 y 85.000 euros, a lo que debe añadirse el desembolso de CajAstur, tradicional aliada del festival gijonés y uno de los motores del proyecto de Banco Base.
El Festival Aéreo de Gijón aún tiene bastante camino que recorrer, pero parece que ya ha comenzado a andar. La última edición fue más dinámica, demostró que la talla internacional se consigue a través de las fórmulas propias de un festival aéreo (sin intermediación militar) y contó con una mayor implicación social. Así, aunque las comparaciones siempre son inconvenientes, mientras que la Semana Negra (con la que ha coincidido) oscurece, se aleja de la ciudad y se transforma en un mercadillo de cinturones y ropa de playa, el público de Gijón y alrededores, no sólo acompaña al festival, sino que lo aplaude. La nueva corporación municipal, encabezada por su alcaldesa, Carmen Moriyón, se comprometió con el festival. La propia Moriyón expresó su deseo de una edición mucho más ambiciosa para 2012, sabiendo que el mensaje iba a constar en todas las hemerotecas. Dicho con otras palabras, a 31 de julio de 2011, la alcaldesa de Gijón avanzó la intención de incrementar el desembolso para el festival.
Coloso dormido
El dato importa, porque el festival gijonés era un coloso dormido, a la espera de que una organización técnica con capacidad y conocimiento, pusiese en cabecera de pista un evento con una gigantesca aceptación popular, ubicado en una ciudad con una formidable oferta turística y muy habituada a festivales, semanas, celebraciones y todo tipo de manifestaciones culturales dirigidas a la ciudadanía, y no sólo a la gente de Gijón. Si se reúnen todas estas circunstancias, habrá continente y contenido y va a resultar inevitable que el gigante se ponga de pie. De momento, sólo se ha despertado.
Desde el punto de vista aeronáutico, la última cita gijonesa con la aviación prácticamente llegó del festival de Vigo, que es la puerta de todas las novedades que en esa materia tienen lugar en España. La campeona portuguesa Diana Gomes Silva, el nuevo gran descubrimiento de la afición española a la aeronáutica, con su biplano Pitts Special, fue la estrella y el punto culminante de un gran espectáculo. Despegó del aeródromo de La Morgal, como el resto de los pilotos deportivos, y demostró también en Gijón una extraordinaria capacidad para transmitir alegría. Es una de las pocas mujeres que tiene la categoría deportiva de Ilimitado, pero su vuelo es mucho más carismático que técnico. La prueba es que el público saltó, desde todos los lugares donde estaba.
Saludos cordiales
Como el resto de los participantes, saludó. Pero no contenta con limitarse a saludar, soltó un genuino discurso, desde el cielo, dedicó un par de looping a la ciudad (mientras los realizaba) y expresó a gritos su deseo de repetir la visita. Porque el caso es que prácticamente saludó todo el mundo, lo que constituye otra de las diferencias con el carácter circunspecto de otros años: el festival busca la diversión. Saludó también el italiano Luca Salvadori, cuyo padre fue cirujano en el hospital de Gijón y compañero de la actual alcaldesa, que también es cirujana. Salvadori retransmitió parte de su exhibición, a través de la televisión autonómica asturiana, mientras la realizaba, circunstancia que aporta verdadero sentido al adjetivo internacional.
Saludó el piloto del helicóptero Puma del SAR del Ejército del Aire (EdA), que gritó ¡Puxa Asturies! Saludó la Patrulla ASPA de helicópteros del EdA, que presentó una nueva figura de la próxima temporada, marcando, con la aportación de cambios, una importante diferencia con otras patrullas militares. ASPA adolece de sistema de humos, lo que no es un mero detalle, sino que multiplicaría su valor estético por muchos dígitos. Alguien debería pensar muy seriamente sobre este asunto de los humos de esta formación. Sin embargo, ASPA se ha convertido en una de las grandes patrullas internacionales, con un Solo excepcional, que ya forma parte del club de quienes hacen un looping con un helicóptero. Es decir, que, durante unos instantes, el EC-120 está en invertido, algo que, en teoría, se salta todos los principios de la aerodinámica. Como nota destacada, cabe reseñar que uno de los pilotos tuvo que ser sustituido, puesto que, lamentablemente, su padre murió, en la víspera de la exhibición. El locutor y el jefe de la formación le dedicaron un público recuerdo, durante el saludo.
Territorio PAPEA
Saludó también el jefe de la novena escuadrilla de harrier de la Armada, que se desplazó hasta Gijón. Saludó la patrulla de paracaidistas del Ejército del Aire PAPEA, a través de su locutor, quien, por cierto, debería cuidar una cierta tendencia a dejar silencios. La locución es más de la mitad de la exhibición. Pero saludó incluso el piloto del transporte CN-295 que lanzó a los diez paracaidistas que participaron, con un cierre espectacular del festival. No hay que olvidar que Gijón es “territorio PAPEA” y la PAPEA lo sabe.
También volaron los Bomberos de Asturias, el habitual Canadair CL-215 Apagafuegos del Grupo 43 del EdA, el ex campeón del mundo, Ramón Alonso, y el Extra 330SC del Equipe de Voltige con el que l'Armée de l'Air gala se está llevando todos los campeonatos de deporte aéreo.
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