
Vigo, 11 y 12 de julio de 2008
¿Cómo hacéis los aviones? ¿A cuántos kilómetros por hora vais? ¿Quién es el capitán? ¿Qué hacéis para aterrizar? ¿�? Hay qué ver cómo son los críos, qué preguntas se les ocurren. Menuda papeleta para responderles en un lenguaje que puedan comprender fácilmente, pensé. Pues me equivocaba, al jefe de la Patrulla Águila le resultó sencillísimo. Que los aviones no los hacen los pilotos, pero que, básicamente, sólo son metal y cables. O que la velocidad depende de lo lejos que quieras llegar y que siempre hay que ahorrar combustible. Por eso, si van lejos, van más lentos que si van cerca. O que en la patrulla hay capitanes, comandantes y tenientes -que un comandante es más que un capitán, y un capitán más que un teniente-, y un único jefe, pero que volando todos son iguales. O que, para aterrizar, �lo primero que hay que hacer es frenar�. Así de bien se explicaba Enrique García Castro (Quique, para los amigos, que eran todos los que estaban en aquel salón de actos del Hospital Xeral de Vigo), acompañándose de gestos muy elocuentes �bendito lenguaje no verbal que tanto nos ayuda a comprender- y, sobre todo, de una simpatía y un gracejo que para sí lo quisieran muchos autodenominados �comunicadores profesionales�.
Mi amiga Ali Ciente, la psicóloga clínica que se empeña en psicoanalizarnos a toda la cuadrilla, incluso cuando vamos de tapas, y que es hermana de Paz �Paz Ciente-, me ha explicado que a los niños y niñas ingresados en un hospital, cualquier cosa que les ayude a romper con su rutina refuerza su recuperación. Por eso, la idea de la organización del Festival Aéreo de Vigo de aprovechar la presencia de la Patrulla Águila �encantada de participar- en la semana cultural aeronáutica previa para programar esa visita, es, además de brillante, merecedora del reconocimiento de todos.
La conexión entre la Patrulla Águila y la chavalería ingresada ya se hizo notar el día anterior, cuando los siete aviones acortaron un poquito su ensayo sobre la playa de Samil, para realizar una pasada de honor, lo más cerca de los ojos de los peques que las férreas medidas de seguridad les permitieron. Los tripulantes de las aeronaves no pudieron ver la ilusión reflejada en esos ojos convalecientes, durante esa maniobra, pero lo compensaron al día siguiente, compartiendo con ellos un rato de risas, alegría y bullicio. De verdad que no sé quiénes estaban más ilusionados, si los pilotos, los niños y niñas, sus padres y madres o el resto de testigos de aquella fiesta de la solidaridad. Yo, sin ir más lejos, no creo que haya vivido, nunca antes, una experiencia así de gratificante. Si Ali Ciente tiene razón, aquellos pacientes, hoy, ya lo son menos.
De la pasada que la Patrulla Águila hizo el viernes para los pequeños y pequeñas ingresados en el Xeral, nos habló el señor alcalde, Abel Caballero, la mañana del sábado, justo antes de la visita al hospital, durante la recepción en el Ayuntamiento de Vigo a la Patrulla Águila y a la Armada. Don Abel, que no se pierde una �es como si tuviera el don de la ubicuidad, mires donde mires, si merece la pena lo que esté ocurriendo y es en Vigo, allí lo encontrarás-, nos contó que pudo ver la aproximación de los siete aviones en formación, desde la ventana de su despacho, y que los acompañó con su pensamiento.
La recepción oficial en el ayuntamiento transcurrió de manera distendida, aunque siempre dentro de la corrección cordial propia de los protagonistas. La anécdota la puso la irrupción sonora de una llamada de móvil estridente (luciendo politono hortera, a la par que divertido) que recibió un miembro de la organización. Los presentes abandonamos esa cierta circunspección que requería la importancia del acto, para entregarnos a una risa franca. �Cambia el politono� le recomendó, entre risas, el alcalde al interfecto, cuando se despedían, al finalizar el acto.
Para mí, el mayor descubrimiento del evento fue lo divertidos que me parecieron los representantes de la Armada, siempre con un comentario simpático a mano. Que no se me olvide contárselo a mi tocaya y amiga Mara Dentro, que está preparándose para ser marinera. Y puedo asegurar que esa simpatía no es prerrogativa de los mandos; por la tarde, me fui de visita a la fragata Álvaro de Bazán y el cabo que nos atendió estuvo totalmente a la altura.
Por cierto, que me gustó mucho embarcarme unos minutos en esa maravilla de la tecnología, a la que, en la víspera, había visto y fotografiado, en la lejanía, mientras escoltaba al Juan Sebastián Elcano, frente a Samil, al tiempo que la Patrulla Águila realizaba sus evoluciones propias. Un lujo. (Por Mara Villa)

Más fotografías:
Página del Festival Aéreo Vigo
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