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El público de Vigo responde mayoritariamente, pese al recorte del festival y a la ausencia de la Patrulla Águila. Unas 400.000 personas acudieron a la cita con el International Vigo Airshow, el pasado 24 de julio, a las playas de Samil y O Bao. La capital de las Rías Baixas volvió a volcarse con su festival aéreo, pese a que la crisis ha recortado, este año, a tres horas, un evento que solía durar el doble. La ausencia de la Patrulla Águila fue el comentario generalizado en la prensa local que se hizo eco del sentir popular. (Más) |
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La Patrulla Águila viajará a Sanicole (Bélgica). El pasado mes de julio, el Ejército del Aire decidió la participación de la Patrulla Águila en el festival de Sanicole. La cita anual belga de septiembre reunirá a las principales formaciones acrobáticas militares de toda Europa, en una edición que persigue pasar a la historia por su parrilla y duración. ( Más)
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La Patrulla Águila no pudo volar en el RIAT, por el mal tiempo y la rigidez de la RAF. La mala suerte hizo coincidir las peores condiciones meteorológicas de las dos jornadas de la última edición del Royal International Air Tattoo con las franjas horarias previstas para la formación acrobática de la Academia General del Aire. El domingo 17, el control aéreo de Fairford llegó a mantener el turno de la Patrulla Águila, durante una hora, esperando a que el tiempo les permitiese volar. Pero la lluvia no cedió. ( Más) |
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Gijón presentó un festival completamente renovado. La sexta edición del Festival Aéreo de Gijón, celebrada el pasado 31 de julio, marcó una ruptura con lo anodino e introdujo al festival en un concepto amplio, profesional e independiente. De la mano de una nueva organización, Gijón ha entrado, de pleno derecho, en la rueda de los festivales genuinamente profesionales y deja de ser el hermano pequeño. De este modo, la propia ciudad, como continente del festival, puede multiplicar, y mucho, su peso e influencia entre el resto de los festivales españoles. ( Más ) |
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El público de Vigo aceptó el recorte del festival por la promesa del año que viene
400.000 personas volvieron a abarrotar las playas de Samil y O Bao, pese a que el festival duró la mitad de tiempo
El alcalde, Abel Caballero, prometió que el décimo aniversario de 2012 será una gran celebración para la ciudad
Alberto Abajo
El dinero es un pájaro selectivo. No se posa en cualquier rama. En Vigo, donde tampoco llega para todo y donde se han clausurado actividades con peso específico propio en la ciudad, el festival aéreo, sin embargo, ha vuelto a ser un referente del verano. Según señaló el alcalde, Abel Caballero, “no se puede dejar de hacer lo que hay que hacer". Caballero prometió que el décimo aniversario de 2012 se celebraría por todo lo alto, sentencia que sirve de conclusión defintiva sobre la opinión del ayuntamiento al respecto. Este año, ha habido menos horas para el International Vigo Airshow , porque había menos dinero, pero la cita viguesa ha vuelto a subir alto, demostrando que el público, allí, responde, siempre y cuando se trate de una excepción. La ausencia de la Patrulla Águila y el recorte en la duración del festival (la mitad de tiempo que en otros años) no impidieron, en contra de lo que parecía, que las playas de Samil y O Bao acogiesen a unas 400.000 personas. Otra cosa sería que ambas circunstancias se repitiesen.
Alguien debería replantearse la política de la ruleta rusa para el reparto de las patrullas acrobáticas militares, en los festivales aéreos españoles, porque ahorrar combustible en festivales aéreos en España es como plantear las bondades de un régimen generalizado de adelgazamiento en Somalia, para combatir el colesterol. Es la primera vez que la Patrulla Águila ha faltado a Vigo, en los nueve años de existencia de este festival. La gente de Vigo la considera “de casa” y, a la vista de lo que ha publicado la prensa local, puede entender, una vez, que le ha tocado ceder, para que alguien tenga la oportunidad de ingresar en el club de los ahorradores imaginarios. Pero ocurre que la inmensa mayoría de las 400.000 personas que, desde hace unos años, acuden a Samil para ver el festival aéreo son adultos y hace tiempo que dejaron de chuparse el dedo.
El pasado 24 de julio, Vigo se elevó, de la mano de una excelente organización, que volvió a demostrar que sabe mucho de festivales aéreos, de entretener al público y que ha “creado” una afición inteligente. Pero la inteligencia es un arma de doble filo. Y es que Vigo volvió a tocar el cielo, demostrando que un público sensato y fiel siempre apoya a los intereses de todas las partes implicadas. De esa fidelidad (y de que hay que mimarla) debería tomar buena nota el Ejército del Aire, como así lo ha hecho el Ayuntamiento de Vigo, ya que hay esfuerzos que merecen la pena: se recogen muchos más beneficios que desgaste.
Adhesión barata, caro rechazo
La ciudad de Vigo atraviesa una delicada situación económica, con un puerto que se viene abajo y una seria amenaza de explosión del paro. Entiende que la salida de la crisis exige sacrificios, pero busca también una contrapartida, un poco de oxígeno. El anuncio del alcalde de que el festival aéreo, tan arraigado en el verano vigués, volverá a su tamaño original, el año que viene, facilitó la tregua y la playa volvió a llenarse. Pero las ausencias del Ejército del Aire, especialmente de la Patrulla Águila, son harina de otro costal. De tanto jugar a la ruleta rusa con las patrullas acrobáticas, van a terminar disparándose en plena sien y lo que, en principio, cosechó adhesión a precio de saldo, mañana, puede convertirse en un rechazo caro de pagar.
La organización del International Vigo Airshow puede con todo, porque sabe a quién se dirige y qué es lo que quiere. Por eso, su público le respeta. Entre otras cosas, porque la gente puede sentarse tranquila en la playa, confiada en que todo lo que ocurra sobre sus cabezas será seguro. Tal nivel de exigencia en materia de seguridad en vuelo sólo es comparable a lo que se hace en Europa. La implicación de la torre de control del aeropuerto de Peinador, el trabajo de Antonio Gil, como máximo responsable del control aéreo en la playa de Samil, y la imprescindible labor de Momo Abós, ex jefe de la Patrulla Águila (apoyado, este año, por Rubén Pérez, también ex piloto Águila), como director de Seguridad en Vuelo, se convirtieron en un triángulo capaz de provocar la envidia de cualquier festival europeo.
Prueba de que lo de Vigo no tiene nada que ver con el anodino (y vulgar) paseo de aeronaves con el que algunas organizaciones confunden un festival aéreo, es que menos de tres horas de festival dieron para tres países (sin contar el nuestro), dos centenarios, dos debut importantes, un gran descubrimiento y una sorpresa.
Cuatro países, dos centenarios
Por partes, hubo aviones de Portugal, Holanda e Italia, una interesante concentración de países, el segundo de los cuales, por cierto, aportó el único avión de combate que pudo verse. Será una ausencia, ésta de los aviones de combate, que caracterizará a otros eventos aeronáuticos españoles de 2011, habida cuenta del sorprendente rubor que provoca últimamente, entre las correspondientes jerarquías, la aparición de aviones de combate propios, en festivales aéreos en nuestro país. Algo que no ocurre en países vecinos.
Por partes, también, International Vigo Airshow celebró dos centenarios. Por un lado, los cien años de la mujer en la aviación (ver: MIRLO 014, mayo 2007), con la espectacular participación de la piloto deportiva portuguesa Diana Gomes da Silva. Y por otro, el primer siglo, después de que el francés Jules Vedrines protagonizara el primer festival aéreo en Vigo, el 26 de septiembre de 1911, a los mandos de un Morane Saulnier N, sobre Balaídos. Justo parece que fue ayer. Una formación de tres aviones locales abrió el festival para recordarlo.
Vigo, puerta de entrada
Por otro lado, Vigo continuó con la tradición de convertirse en la puerta de entrada de la abrumadora mayoría de los nuevos y nuevas pilotos que se suben a la rueda de los festivales aéreos españoles. Era el caso del italiano Luca Salvadori, un campeón de la aviación deportiva que, por primera vez en su vida, realizaba una exhibición sobre el mar. Le costó tres o cuatro ensayos aprender a trabajar con referencias no situadas exactamente sobre su vertical. Pero lo hizo: estas cosas sólo pasan en Vigo. Y además, presentó una aeronave AP-2/DS totalmente fabricada en madera y montada por él mismo. Le llama The silver chicken, o sea, el pollo plateado.
Por su parte, la portuguesa Diana Gomes da Silva, con una preciosidad de avión (un biplano Pitts Special S2A), no sólo encajó en el apartado de las novedades, junto a Salvadori, sino en el del gran descubrimiento aeronáutico. Esta joven aviadora de 27 años de edad, que se gana la vida a los mandos de un A-320 como piloto de línea aérea, puso el pabellón de las mujeres aviadoras a una altura difícil de superar. No se sabe cómo, pero, además de mover un biplano, o sea un avión con hándicaps para la práctica deportiva, como si se tratase de un Extra 300 (sólo por poner un ejemplo), se quedó con el corazón del público que saltaba en la arena, agitaba todo tipo de elementos visuales y, sin poder evitarlo, aplaudía a rabiar, aunque sabía que ella no podía escuchar los aplausos. Saludó dos veces y prometió que volvería, sólo con que le volviesen a llamar. Simplemente, impresionante.
El SAR puso de pie al público
La sorpresa la protagonizó el piloto del helicóptero del SAR (Search And Rescue) del Ejército del Aire, Máximo Blanco, durante un simulacro de rescate de náufrago que rompió con todos los moldes anteriores y quebró también los esquemas del público. El caso es que, escribiendo con absoluta sinceridad, las demostraciones del SAR en los festivales españoles no se han caracterizado, hasta el pasado 24 de julio, por su facilidad para impresionar. Generalmente, ha ocurrido todo lo contrario. Es decir, un ejercicio más que satisfactorio para superar un examen como salvavidas desde el aire, ciertamente, pero que el público aprovecha para dar una ojeada al periódico.
Máximo Blanco demostró que también se pueden superar exámenes con nota muy alta. Volaba un Super Puma, un aparato que hay que verlo de cerca, para darse cuenta de su tamaño. Nada que ver con un pequeño helicóptero ágil y ligero. Este piloto, que se ha curtido el cuero en Afganistán, puso a la aeronave al máximo de sus posibilidades. Incluso emuló a la figura del “Borracho” de los Frecce Tricolori italianos, haciendo una especie de montaña rusa y al propio tiempo con inclinaciones a un lado y a otro, como cuando un avión alabea para saludar. Traducido a un vehículo terrestre, sería el equivalente a un camión trailer de 35 toneladas que se desplazara apoyado sólo sobre las ruedas de un lado y, luego, saltara sobre las del otro. Y todo eso, después de sacar del agua al náufrago: pobre hombre, si se hubiera tratado de una situación real, como si un náufrago no tuviera bastante con lo que tiene, para que, además, le agiten tanto. ( Inicio ) |
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La Patrulla Águila volará en Sanicole
El macrofestival belga reunirá, en septiembre, a las principales formaciones europeas
Como el Guadiana, la Patrulla Águila aparece y desaparece, de acuerdo con un programa de cambios en el plan de exhibiciones, que parece regirse por los dados o una ruleta. Cuando, a consecuencia de tanto repetirlo, ya nos habíamos creído que la Patrulla Águila trabajaba siempre según un calendario aprobado y de rígido cumplimiento, la temporada 2011 ha venido a demostrar que destinos ubicados en Bélgica pueden ser una tendencia en enero, desaparecer en junio y volver a resurgir, un mes después. De este modo, la Patrulla Águila volará en Sanicole, el próximo mes de septiembre. Ésa es la última versión de un calendario en constante evolución.
Un festival, el de Sanicole, en cuya plataforma volverán a reunirse con las principales formaciones de Europa y con intención de volar. Lo malo, sin embargo, de estas incorporaciones de última hora es que siempre se puede acabar en un puesto no precisamente bueno, como el primero de la lista de participantes, una experiencia recientemente conocida en el Tattoo británico con resultados de ingrato recuerdo.
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Bitch bloody rain! (Y que no salga de aquí)
Las condiciones meteorológicas se cebaron con la Patrulla Águila, impidiendo su participación en el RIAT 2011
El domingo 17, el festival mantuvo el turno de la formación, durante una hora, pero el mal tiempo no cedió
Alberto Abajo
Cuestión de mala suerte, pero, al final, la Patrulla Águila fue al RIAT a ensayar, aunque no a exhibirse. El último RIAT en el que voló la Patrulla Águila fue en 2007. La coincidencia de fechas con otras citas aeronáuticas españolas igualmente interesantes determinó que, durante las temporadas de 2008, 2009 y 2010, la formación acrobática de la Academia General del Aire (AGA) declinara las invitaciones para participar en el Air Tattoo británico. Quizá porque haber vencido en tres ocasiones el tirón de una exhibición en Fairford es mucho vencer, lo cierto es que las ausencias en el festival de la RAF empezaban a pesar, en el curriculum de una patrulla de la categoría de la española. El mes pasado, la oportunidad de recuperar el RIAT perdido se fue al traste, por una estúpida cuestión meteorológica.
Lo peor es que un piloto militar no puede permitirse el lujo de ser supersticioso. Si fuera así, todo sería más sencillo: buscar al tuerto que les miró (con perdón para los tuertos). Pero lo rigurosamente real es que el Royal International Air Tattoo es un acontecimiento aeronáutico, para el que habrá que esperar doce largos meses. Y, caso de volver a acudir, hacerlo con los dedos cruzados. Porque una climatología como la británica no respeta la igualdad de oportunidades. Es lo que hay.
Pero el resto de patrullas voló incluso dos veces. La española, ninguna. ¿No hubo nadie capaz, dada la climatología, de ceder su opción a la repetición, para que pudiese volar una patrulla afectada por el mal tiempo? Si el RIAT se hubiera hecho en España, ¿se habría quedado alguna patrulla sin volar, sabiendo la organización que otras que ya han volado pueden ceder su puesto? Pues eso es lo que hay.
Y es lo que hubo. Cuando los C-101 de la Patrulla Águila llegaron a la base aérea de Fairford (Gloucestershire), el pasado 14 de julio, nada parecía hacer prever que el clima daría giros propios de cataclismo, con lo que el equipo al completo, pilotos y mecánicos incluidos, contemplaban el horizonte con optimismo y acariciando lo que parecía iba a ser una brillante anotación en la hoja de servicios de la formación acrobática de la AGA. Los ensayos situaron el éxito aún más cerca. Y lo habrían conseguido, si la base de Fairford no estuviera en Fairford. Cuestión de latitudes, altitudes, nubes bajas, lluvia y repentinas condiciones de visibilidad casi cero, justo durante el tiempo en que la caja aérea abre tu ventana. Después, el cielo vuelve a ser azul.
Imposible, suicida y estúpido
La primera exhibición estaba prevista para el sábado, 16 de julio, a las diez de la mañana. Pero la meteorología británica decidió concentrar sus frustraciones, precisamente durante ese periodo. El día, en una tierra donde el paraguas es tu mejor amigo, decidió que las nubes bajaran, los vientos bramasen y una sombra gris y densa extendiese su manto sobre la zona. Despegar era, primero, imposible y segundo, caso de que algún desaprensivo lo hubiera autorizado (algo difícil de pensar en la RAF, donde saben muy bien cómo se las gasta el cielo de esa parte del mundo), habría sido suicida y estúpido, porque no se veía nada.
La formación acrobática, que había tanteado un ambiente de recibimiento por parte de un público que la conocía y la esperaba, y que contaba, todavía, con la oportunidad de volar al día siguiente, quiso aprovechar el tiempo y, cuando menos, exhibirse ante la afición congregada, carreteando por la pista. Era una forma de saludar al respetable y, por qué no decirlo, de tocar al menos la pista de Fairford, durante el tiempo previsto para una exhibición tan esperada.
Y solicitaron permiso para el paseíllo. Pues ni por ésas. El control de vuelos decidió que las condiciones eran tan duras, que ni siquiera daban para un tímido carreteo. Después, el cielo se abrió lo suficiente, como para permitir otras exhibiciones, mientras todo el personal militar español desplazado a la base británica se mordía los labios o buscaba lugares aislados, para escupir maldiciones impropias de pilotos militares. Pero qué diablos, estaban en su derecho.
Una hora de espera
Cuando parecía que la climatología había decidido que, con lo del sábado, la burla ya había sido suficiente, el domingo 17, la traviesa “meteo” exhibió una falsa sonrisa, hasta que llegó el “momento Águila”. Y de nuevo, lo que parecían anticiclones se tornaron en ciclones. Pero había que intentarlo. La formación solicitó tiempo y que se respetase su turno, aunque ello significara el retraso del cierre del RIAT, algo que la Royal Air Force entendió, comprendió y compartió. Durante nada menos que una hora de lluvia incesante, la Patrulla Águila hizo gala de paciencia y presencia de ánimo. Pero ya no se podía más y el control aéreo de la organización decidió que su turno definitivamente había caducado. Cuando mejorase el tiempo, saldría el siguiente.
La formación solicitó un hueco especial, para la tarde, dado que se preveía que el tiempo meteorológico diese la oportunidad que efectivamente dio al festival para que continuase. Pero la RAF argumentó que ya se había acumulado mucho retraso y que no se podía aplazar el periodo de vuelos más de lo que ya se había aplazado. En ese momento, el RIAT volvió a transcurrir en vano para la Patrulla Águila. Eso sí, algunas patrullas realizaron sus segundas exhibiciones.
Si hay algo desigual, injusto y terco es la mala suerte. En un año como 2011, en el que las restricciones económicas están poniendo en tela de juicio hasta la propia existencia de una temporada aeronáutica para la aviación militar en España, alguien debería solidarizarse con quienes se ha cebado la desgracia, acompañarles a un lugar discreto y proferir a gritos todo tipo de maldiciones. Porque, qué diablos, están en su perfecto derecho.
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Gijón despega en 2011
El VI Festival Aéreo de Gijón marcó un cambio de rumbo a la cita anual de la playa de San Lorenzo
La nueva organización del festival demostró independencia, entretenimiento y contacto del evento con el público
Puede que, por primera vez en la historia de los festivales aéreos españoles, el público haya visto a un harrier haciendo acrobacia. O sea, toneles, looping, paso a cuchillo… Fue en Gijón, el pasado 31 de julio, durante la sexta edición del festival anual que se celebra en la playa de San Lorenzo. Unas 400.000 personas fueron testigos de un hito que demuestra que se podía hacer. A ver si llegamos al ocho cubano o la caída libre. La Armada debe enorgullecerse de haberse ganado el hueco que no tenía en la acrobacia aérea, a través de este piloto de la Novena Escuadrilla que ha dejado el tradicional estacionario en el puesto “complementario” donde debe estar, en lugar de convertirse en lo único que es capaz de hacer un harrier español en un festival aéreo. Y si se puede hacer, lo lógico sería que la exhibición del harrier en Gijón no se limite a ser una anécdota. Con una vez, no vale.
Y es que la Armada se benefició de que la pasada edición del Festival Aéreo de Gijón marcó el inicio de una nueva era, la suya propia, en la que el resto de festivales deberá tener en cuenta que el evento aeronáutico de la ciudad asturiana podría llegar a crecer mucho más de lo que apuntaba hace apenas un año. Gijón cuenta con una nueva corporación municipal que ha hecho público su interés por un evento que ha dejado de ser, a un tiempo, relativamente divertido y relativamente aburrido, para pasar a ser una genuina explosión festiva, dentro de una ciudad especializada en acoger todo tipo de eventos, con una capacidad de proyección turística impresionante.
Cuando los demás se lamentan, alegando que la crisis es la directora de escena, la nueva alcaldesa de Gijón, Carmen Moriyón, hizo público su interés en que la fiesta continúe, el próximo año, y, además, potenciada. Eso sólo puede hacerse, aportando más dinero; y es de suponer que lo dice porque lo sabe. Sólo en 2011, el Ayuntamiento de Gijón ha destinado más de 80.000 euros al festival aéreo, a lo que debe añadirse la aportación de CajAstur.
Organización profesional
El domingo 31 de julio de 2011, en su sexta edición, el festival de Gijón entró tímidamente en el circo de los festivales españoles, como otro evento con gestión independiente y criterio propio. La parrilla de aeronaves fue una genuina declaración de intenciones. Además de lo que el Ejército del Aire aportaba y de la negociación con la Armada, a la que se le hizo ver que su presencia aportaba valor añadido a su imagen pública y que ciertos gastos son asumibles, la cita aeronáutica de la playa de San Lorenzo contó con organización profesional.
Es innegable que el elenco de estupendos pilotos que participaron provenía, en su mayoría, del festival de Vigo, lo que facilita bastante la explicación sobre dónde se encuentra la solución a los problemas y el porqué del éxito del 31 de julio en Gijón. Se trata, en cualquier caso, de una circunstancia que no va en demérito del espectáculo. Quizá, por el contrario, haya sido la única buena solución posible. Una solución que, se mire por donde se mire, ha aportado libertad de criterios al festival, le ha dado autonomía organizativa y también una buena pátina de color diferenciador. Algo que Gijón necesitaba, para que su fiesta anual de los aviones fuese mérito propio, antes que un generoso donativo.
Diana Gomes y Luca Salvadori
En dos horas y media de festival, la ciudad de Gijón hizo más que en las seis ediciones anteriores juntas. El elemento festivo fue la nota dominante, con todos los participantes más que implicados. Diana Gomes Silva, la gran revelación portuguesa que ha entrado a nuestro país por Vigo, ha dejado su huella de gran piloto en Gijón, otra ciudad que también celebraba cien años, desde su primera exhibición aérea. Desde su avión, ofreció un auténtico surtido de piropos por la megafonía, dedicando improvisados looping a la ciudad que le aplaudía.
Y el italiano Luca Salvadori despertó el recuerdo de su padre, el cirujano Bruno Salvadori, quien trabajó en el hospital de Gijón y dejó tan buen recuerdo, que cuenta con una planta bautizada con su propio nombre. La alcaldesa, Carmen Moriyón, médico del mismo hospital, le dedicó una evocación muy sentida. Luca se implicó mucho en el festival y no sólo saludó al público, a través de la megafonía, sino que explicó su exhibición, mientras la hacía, para los micrófonos de la televisión asturiana. El avión de Salvadori, un CAP-21 de 1984, apodado El pollo plateado, está totalmente construido en madera y montado con sus propias manos. Con él, ha ganado campeonatos en Italia y otros países europeos y con él consiguió, en el aeródromo italiano de L'Aquila, el exótico récord de 43 giros en barrena plana invertida. Una locura.
Clases en La Morgal
Los pilotos deportivos (Diana Gomes Silva, Luca Salvadori y el ex campeón del mundo, Ramón Alonso) despegaron del aeródromo de La Morgal. Y allí, a unos 40 kilómetros de Gijón, la trastienda de la historia demostró que puede resultar mucho más interesante que la fachada oficial. Ramón Alonso dio clases particulares de acrobacia aérea a la portuguesa Gomes, quien, a sus escasos 27 años, ya ha alcanzado la categoría de Ilimitado con su Pitts Special. Aprendía con fruición, según los testigos. Y asimismo, Luca Salvadori dio alguna clase magistral a los pilotos de La Morgal. Cuando, como ocurrió en este festival, una manifestación lúdico-cultural se infiltra tanto, en los ambientes que le son propios, es cuando alcanza la categoría de gran fenómeno social.
La patrulla de helicópteros ASPA del Ejército del Aire presentó una figura nueva que están ensayando, para su tabla de 2012. Es también un síntoma de que algunas patrullas acrobáticas del Ejército del Aire han entrado de lleno en el terreno de la profesionalidad. Siguen faltándole, sin embargo, los humos de color. Sus responsables deberían tener en cuenta que hay figuras que se anuncian, pero, sin humos que las dibujen, sólo las ven ojos expertos, como la hoja de trébol. Y la ASPA, como el resto de las patrullas militares, no vuela casi nunca para ojos expertos. Los ojos expertos, por cierto, saben reconocer un looping hecho con un helicóptero, como lo hizo el Solo de esta formación acrobática que, cada año, va ganando terreno y talla internacional.
PARTICIPANTE |
Hora inicio |
Bomberos de Asturias |
12:00 |
SAR-Ejército del Aire |
12:08 |
Apagafuegos Canadair CL-215 |
12:20 |
Luca Salvadori (CAP 21) |
12:33 |
Diana Gomes Silva (Pitts Special) |
12:50 |
Ramón Alonso (Sukhoi 31) |
13:03 |
Equipe de Voltige-Armée de l'Air (Extra 330) |
13:14 |
Patrulla ASPA (EC 120) |
13:21 |
Harrier-Armada Española |
13:47 |
PAPEA-Ejército del Aire |
14:03 |
FIN DEL FESTIVAL |
14:23 |
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Cuestionario Águila con:
Miguel Marín
¿Cuándo y dónde conociste a la Patrulla Águila?
En Los Alcázares
¿Por qué te impactó aquel primer encuentro?
Por todo lo que hacen en el aire
¿Cuántas veces has visto a la Patrulla Águila, desde entonces?
Todos los días, pues la veo desde mi casa
¿Cuál ha sido el lugar más lejano al que te has desplazado para ver a la Patrulla Águila?
Albacete
¿Qué espectáculo de la Patrulla Águila, que hayas visto, te ha gustado más?
Aire 06
¿Qué figura acrobática te causa mayor impresión?
El espejo
¿Crees que la Patrulla Águila tiene suficiente proyección internacional?
Por supuesto, es la número uno.
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Por tierra y aire
Fotos: Cedidas del archivo personal de Lorenzo Ibor Otal
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FARO DE VIGO (25 julio 2011). “El ballet aéreo fascina a los vigueses. Miles de personas aplauden las acrobacias de los pilotos y paracaidistas en un festival más modesto. En ausencia de la Patrulla Águila, las estrellas fueron la portuguesa Diana Gomes y el F-16 del Ejército holandés” . Corta, pero intensa. Así se puede definir la IX edición del Festival Aéreo de Vigo, que este año, debido a los recortes realizados por los ministerios de Defensa español y portugués, duró dos horas menos de lo habitual, al bajar el número de participantes. Sin embargo, como todos los años, la playa de Samil se llenó de visitantes y las dificultades para aparcar volvieron a dejar de manifiesto que el sistema más rápido para acercarse fue el servicio público de autobús. Además, decenas de autocares portugueses trajeron a cientos de personas de su país y aficionados de toda España se desplazaron a Vigo. Incluso acudieron desde Sevilla y a bordo de sus propios ultraligeros una decena de amateurs”.
ATLÁNTICO (25 julio 2011). “El Festival Aéreo mantiene a su público pero pierde espectacularidad. Más de 400.000 personas asistieron a una novena edición en la que se echó de menos a la Patrulla Águila” . La novena edición del Festival Aéreo volvió a reunir a cientos de miles de personas en la playa de Samil y sus alrededores, “ igual o más que el año pasado, por encima de las 400.000 personas”, según indicó el alcalde, citando los datos de la Policía Local. A pesar de estar considerada una edición de trámite, que estuvo incluso a punto de no celebrarse y que sufrió un importante recorte en su presupuesto, la convocatoria volvió a colapsar Samil y decenas de barcos tomaron posición en la Ría para disfrutar de un espectáculo que se acortó a la mitad –duró menos de tres horas- y en el que los grandes ausentes fueron los siete biplazas de la Patrulla Águila que, no obstante, regresarán el próximo año, para celebrar el décimo aniversario del Festival, según anunciaron ayer fuentes de la organización.
EL CORREO GALLEGO-EL MUNDO (25 julio 2011). “Hoy Maverick, de ‘Top Gun', se llama... Diana. Diana Gomes da Silva, la estrella más joven de la acrobacia mundial, firmó autógrafos durante una hora. 400.000 personas miraron ayer el cielo de Vigo en el festival aéreo” . “Lo de Diana es impresionante, ha estado más de una hora firmando autógrafos y sonriendo, la gente le repetía que tiene que volver el año que viene... Además de buena pilotando, es muy simpática”. Lo explica Pablo González, director del Festival Aéreo de Vigo, ilustrando cómo cambian los tiempos. Hoy el número uno de la simbólica academia mundial Top Gun no se llama Maverick, como el personaje encarnado por Tom Cruise. No, ahora se llama Diana Gomes da Silva, una portuguesa de 27 años convertida en revelación mundial.
ELCOMERCIO.ES (31 julio 2011). “A las doce, en San Lorenzo” . Hoy es la gran cita. Este mediodía se pondrá en marcha el VI Festival Aéreo, en el que los espectadores podrán observar cómo aviones acrobáticos, helicópteros, aviones de combate y paracaidistas realizan complicados ejercicios sobre la bahía gijonesa. Los dos últimos días, los ciudadanos ya tuvieron un pequeño adelanto, con los entrenamientos de algunos de los participantes. Ayer les tocó el turno a varios pilotos acrobáticos, pero entre la una y media y las dos de la tarde tuvieron lugar los entrenamientos de dos de los participantes que más llaman la atención de los ciudadanos . Fue un cambio como de la noche al día, y no precisamente por la luz, sino por el sonido. El ensayo de los paracaidistas de la PAPEA (Patrulla Acrobática Paracaidista del Ejército del Aire) y el del caza Harrier. No todo el mundo que disfrutaba del sol y el mar en la playa y los que paseaban por el Muro se dieron cuenta de las piruetas que realizaban los paracaidistas durante su vertiginoso descenso. Sólo al llegar a tierra -en una zona acotada en la playa en las inmediaciones de la escalera 12- los ciudadanos se dieron cuenta del ensayo y luego sí pudieron contemplar el lento descenso de un paracaidista con una gran bandera española .
LNE.ES (22 julio 2011). “Cien años de acrobacias en Gijón. San Lorenzo acoge el domingo 31 la VI Edición del Festival aéreo, en el centenario de la primera exhibición sobre la ciudad, que tuvo lugar en 1911” . El cielo de Gijón se volverá a llenar de aeronaves civiles y militares el domingo 31 de julio. Miles de personas podrán disfrutar de la VI Edición del Festival aéreo, una de las citas del verano gijonés que ya se han convertido en habituales. Los pormenores de la exhibición, que tendrá lugar sobre la bahía de San Lorenzo, fueron desgranados ayer en el Ayuntamiento, donde se explicaron algunas de las novedades para esta edición, que tendrá lugar en el centenario de la primera exhibición aérea sobre la ciudad, ocurrida durante las fiestas de Begoña del año 1911.
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