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Anselmo Gámez, que estás en los cielos o
Unas 100.000 personas contemplaron el espectáculo aeronáutico anual valenciano, desde el paseo marítimo de la Malvarrosa
Las dos últimas exhibiciones de Anselmo Gámez en el �Ciudad de Valencia�, este año y el anterior, han servido para demostrar que los aviones vuelan mejor sobre la magia que en el aire. Que un avión puede hablar y que, cuando habla, es magia en el aire. Gámez lo volvió a hacer, hace unos días, en el IV Festival Aéreo Ciudad de Valencia: retransmitió, en pleno vuelo y durante el vuelo, todo lo que hacía y mientras lo hacía. Transformó, de nuevo, un alarde de habilidad en un espectáculo impresionante. Y se quedó con el público. Es más, lo fidelizó. Anselmo Gámez simboliza el futuro de esto que llaman festivales aéreos y que ha transformado el cielo en el mejor escenario del mundo.
Hace algunos días, algo pasó en Valencia, cuando un apagafuegos Canadair CL-215 del Ejército del Aire se lanzó sobre las olas de la playa de la Malvarrosa, cargó la bodega de agua, se elevó, soltó el agua desde lo alto y, mientras ésta caía lentamente, dio una vuelta a su alrededor y atravesó la lluvia que él mismo había creado. Algo pasó en Valencia, donde las trasnochadas demostraciones de habilidad de los pilotos tuvieron que vestirse de arte, de creatividad y humor.
Ya no vale cualquier cosa. Tiene que �puntuar� hasta el �botijo�, que así se le conoce al panzudo bombero volador. Ya no vale con estar ahí y saludar. Que se lo pregunten a Cástor Fantoba y Juan Velarde: este dúo de campeones (que apenas lleva dos años haciendo exhibiciones en pareja) tuvieron que mostrar que eran capaces de hacerlo mejor que en el festival de 2006. Había que ver a Fantoba dando vueltas alrededor de la estela de Velarde, o el abracadabra doble sincronizado que hicieron, o el alarde de volar pegados. Ya no vale cualquier cosa.
La última edición del Ciudad de Valencia fue internacional, porque contó con la espectacular Patrulla ASAS (Portugal). Y es que hay pilotos que ponen aviones boca abajo y que hacen rizos en invertido o son capaces de mantener su avión en el aire �a cuchillo�, es decir, con el avión ladeado, con sus alas completamente verticales, en lugar de estar horizontales. Hasta ahí, lo vienen soportando los especialistas en aerodinámica y los ingenieros aeronáuticos. Pero cuando dos pilotos se sitúan en una formación tal, en la que uno se incrusta en el flujo de aire que sostiene al otro, trastocando los pilares básicos de la aerodinámica, es cuando los teóricos se dan a la fuga.
O sea. Uno de los dos Alpha Jet de los ASAS vuela. Y si lo hace es porque el aire que se desplaza por debajo de sus alas es más estable que el muy revuelto aire que se desplaza por encima de sus alas. Por eso, el avión se sostiene, porque está situado sobre una masa de aire más consistente que el que tiene encima. Pero si, a un metro de distancia de este avión, por debajo de sus alas, se coloca otro similar que inevitablemente trastocará la consistencia de ese aire que le sostiene, lo lógico sería que el primer avión cayese. Y cayese, además, sobre el avión situado debajo. Pues bien, en cada una de sus exhibiciones, los ASAS demuestran que dos buenos pilotos pueden situarse por encima de las leyes de la física. No sólo no caen, sino que demuestran tal capacidad de estabilidad, que tienes que darte tu tiempo, para creerte lo que estás viendo. Nadie hace eso.
Algo pasó en Valencia, hace unos días, cuando 44 aeronaves transformaron el mar que baña la playa de la Malva Rosa en el mejor soporte para su trabajo. Una plataforma que el viento removió hasta hacer olas y olas, con crestas blancas sobre las que saltó el apagafuegos, a las que quisieron aplacar con su estruendo un Mirage F1, un harrier y un Eurofighter, de las que se burlaron los mejores paracaidistas de España, sobre las que quedaron en vuelo estacionario los cinco helicópteros más quijotescos del mundo y otro de la Guardia Civil, olas que casi rozó un avión de pasajeros o que eludieron campeones como Sergio Pla. Algo pasó en Valencia: que se lo pregunten a la Patrulla Águila, que cubrieron las olas con los colores de sus humos.
CURIOSIDADES
 La organización del IV Festival Aéreo Ciudad de Valencia cerró, por motivos de seguridad, el acceso a la arena de la playa de la Malvarrosa, lo que dió lugar a varias anécdotas con algunos despistados que, no se sabe muy bien cómo, lograron burlar el férreo control de acceso que ejercían tanto la policía local -repasando ininterrumpidamente los límites impuestos a bordo de sus peculiares quads- como la seguridad privada. Algunos miembros de esta última brillaron por su celo profesional, llevado al extremo de llamar la atención a un grupo de niños y niñas que jugaban en la arena en el margen de la zona reservada para personalidades. La seguridad es un aspecto que no hay que descuidar, nada es suficiente.
 Entre los que se colaron en la playa sin tener autorización destaca un practicante de footing de borde de playa que no se enteró de que atravesaba una zona acordonada, a pesar de que estaba inexplicablemente vacía de personal y llena de aviones dibujando el cielo. Su despiste era tal que se sorprendió mucho cuando, una vez recorrida media playa, el personal de seguridad consiguió pararle y hacerle entender que estaba haciendo ejercicio en el lugar equivocado. Que iba concentrado no admite discusión. O eso, o era una proyección astral.
 Otro de los que merecieron el premio al despiste mayúsculo fue un nadador que se plantó justo en la vertical de la tribuna principal desde no se sabe dónde que comenzara su travesía. Quienes pudieron verle salir del agua y encontrarse con semejante parafernalia no habrán visto mayor expresión de asombro en toda su vida. No entendía nada, aquello no era lo esperado por él. Nunca se sabe con qué te va a sorprender la vida. Entras en el agua acompañado de chirriantes gaviotas y cuando sales se han convertido en un eurofighter o, en el mejor de los casos, en siete C-101. Para alucinar.
 Los pilotos de la Patrulla Águila dedicaron parte de la tarde del sábado 20 a firmar pósters en el Corte Inglés de la Avda. de Francia, en la que se ha convertido en una cita habitual en las visitas de la formación a la ciudad del Turia. El éxito de este ya tradicional encuentro entre los águilas y la afición valenciana hizo que la afluencia de público no bajara durante todo el horario previsto. La cola parecía no terminar nunca y la patrulla tenía que atender otros compromisos. A pesar del empeño de los pilotos por atender a todas las personas, los responsables de la sala en la que se realizaba la firma optaron por cerrar la puerta. Los águilas, para asegurarse de que nadie se quedaba sin el recuerdo que habían ido a buscar, reaccionaron rápidamente y salieron afuera para entregar los pósters personalmente.
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Números cantan
38 aviones
6 helicópteros
52 pilotos
Cientos de técnicos en mecánica y logística
10 paracaidistas militares y su personal de apoyo y logística
11 paracaidistas civiles
Cientos de personas entre Bomberos, Cruz Roja, Guardia Civil, Policía, SAMU, Policía Local, Protección Civil, seguridad privada y voluntarios y voluntarias
100.000 espectadores
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AMBIENTE
Fue un día de playa sin playa. Pero el cierre de la que es una de las zonas de recreo más utilizada por los valencianos en un agradable, climatológicamente hablando, domingo de octubre no arredró al centenar de miles de aficionados pequeños y mayores que se conformaron con amontonarse en el paseo marítimo, amplio, preñado de edificaciones y palmeras que complicaban la visibilidad de la zona de exhibición, pero que es el lugar más cercano para observar, una vez al año, a esas máquinas voladoras que tanto les gustan, para observar de cerca paracaidistas que flotan y caen justo donde quieren caer.
Año tras año, y van cuatro, el paseo marítimo de la Malvarrosa se queda parado. Un sinsentido porque un paseo, como su propio nombre indica, está pensado para pasear. Pero pocas personas de las que se dieron cita el domingo 21 de octubre por la mañana en ese paseo pretendían moverse de allí. El plan general era encontrar un buen lugar desde el que poder disfrutar lo más cómodamente posible de las evoluciones de los participantes en el festival. Ese día, la foto del paseo era la de miles de personas mirando al cielo.
Destacados con nombre propio
Paulo Videira , miembro del equipo de pilotos de la Patrulla ASAS de Portugal. La presencia de su formación en el festival otorgó a éste la categoría de internacional. La actuación de la pareja de Alpha-Jets portuguesa no dejó indiferente a nadie. A ellos les gusta afirmar que son la demostración de que el alma nunca toma tierra, porque la suya es la misma alma de aquella primera formación de ASAS que, entre 1977 y 1991, surcaron los cielos europeos representando a la Fuerza Aérea Portuguesa, con sus seis T-37. Los renovados ASAS portugueses que se vieron en la Malvarrosa tienen, desde 2005, año de la reaparición, otro cuerpo, pero ese mismo espíritu. O espírito nunca aterra.
Carlos Gómez Arruche, jefe del MAGEN, que ya es un habitual imprescindible de los festivales aéreos, felicitó a los paracaidistas de la PAPEA que realizaron los saltos el domingo, en la misma playa. La PAPEA se las volvió a arreglar para meterse al público en el bolsillo. Esta vez lo hicieron cerrando su actuación con dos saltadores que portaban sendas banderas, de España y de la comunidad valenciana, esta última llevada con total precisión y delicadeza por un saltador valenciano que se llevó los aplausos más cálidos de sus paisanos y de los visitantes que siguieron su vuelo por el cielo. Precisos e imprescindibles.
Cástor Fantoba y Juan Velarde, los miembros de la patrulla culebra. Por segundo año se persiguieron, cruzaron y miraron cara a cara desde sus respectivos aviones. Lo hacen tan bien que parece sencillo, pero hay mucho trabajo detrás. En cualquier caso ellos se lo pasan bien y eso se nota en los resultados ¿Hay algo mejor que divertirse divirtiendo? Cuando terminaron su actuación se acercaron a la playa para unirse al resto de espectadores. Eso sí que es saber hacer. Afortunados.
Eugenio Martínez Sierra, Jefe de Línea en los desplazamientos de la Patrulla Águila, cambió su habitual ubicación en el aeropuerto para hacerse cargo del puesto de merchandising que el equipo acrobático del ejército del aire acostumbra a instalar en eventos como éste. Era la primera vez y tuvo un estreno agotador, el público no le concedió un minuto de respiro a él ni al resto de los voluntarios y voluntarias que atendían sus peticiones. A juzgar por la sonrisa que lucían todos al final de la jornada, el esfuerzo mereció la pena. Polivalencia.
Manuel Bouza, que actuó como apoyo en tierra a la exhibición del Harrier de la Armada. Siguiendo sus indicaciones el piloto que realizaba la demostración corrigió la posición desde la que comenzó su vuelo estacionario, algo apartada de la tribuna principal. Consiguieron con ello añadir una nueva maniobra a las habituales: paseo lento de costado hacia la izquierda. De paso, atronó, levantó agua a un Mediterráneo ya muy encrespado y consiguió encandilar al personal. Una persona del público comentó divertida ante el espectáculo visual y sonoro: "la discreción no es su fuerte". Pues, no, se hacen notar. Notables.
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MÁS CURIOSIDADES
 Parece ser que la velocidad a la que están acostumbrados a moverse los protagonistas de un evento aeronáutico puede ser contagiosa. Un ejemplo es lo que ocurrió en la cena de bienvenida y agradecimiento que la organización del Ciudad de Valencia ofreció a participantes y colaboradores la víspera del festival. Algunos de los asistentes tuvieron problemas con el transporte y retrasaron su llegada. La logística no les esperó y se comenzó a servir la cena sin su presencia. Rápidez manda, aunque el retraso sea involuntario y los retrasados los homenajeados de la noche, la Patrulla Águila, flamantes galardonados en la primera edición del premio Juan Olivert que en esa misma velada se les entregaría. Eso les pasa por no ir volando.
 Alvaro Bultó y compañía han sido una constante en los cuatro festivales aéreos españoles de este 2007. Su Proyecto Alas no ha fallado en ninguno de los eventos. Paralelamente, se han convertido, también, en asiduos a esta sección de curiosidades, porque son una fuente inagotable de anécdotas. Esta vez, con su simpatía y ese amor al riesgo que les caracteriza se volvieron a lanzar desde esa enormidad de distancia a la que gustan de alejarse del suelo embutidos en su traje especial y dispuestos a caer justo donde está previsto que lo hagan. Algunos cayeron más a la derecha de ese punto (o la izquierda, según se mire). Hubo quien entendió que, sorprendentemente, Alvaro Bultó y compañía se habían desviado del punto de impacto. 'Qué raro', pensarían. La caminata que se vieron obligados a realizar a pie para salvar la distancia desde donde habían caído y la zona de llegada prevista se convirtió en un remedo de esas cabalgatas triunfadoras que a veces nos muestran las películas americanas. Sonrientes y envueltos en sus paracaidas de llamativos colores y custodiados por igualmente sonrientes miembros de la organización recibieron el aplauso del público que ellos agradecían y alentaban. En ese momento, quienes habían pensado en la hipótesis del error de cálculo empezaron a dudar...
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