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Hasta el FAM 2010 |
Fórmula Málaga o
Si las cosas siguen el camino por el que han comenzado, la ciudad de Málaga va a significar un antes y un después en materia de festivales aéreos, en España. Y es que el modelo para este tipo de encuentros aeronáuticos viene del lejano y frío norte de Europa, del helado y desapacible Reino Unido, en el que, a pesar de la meteorología, las reuniones de personas en torno a los aviones son un genuino fenómeno social. Dejando de lado el siempre interesante reto de atinar sobre por qué, allí, son un negocio, mientas que, aquí, a pesar de las mareas humanas que generan, quienes las organizan tienen que mendigar lo indecible, parece que se abre el cielo para los aviones que han llegado al cálido sur.
El año pasado, la ciudad de Cádiz dio el banderazo de salida, para que aeronaves de todo tipo extendieran sus alas al sol de la tacita de plata. Y la capital de la Costa del Sol no quiso esperar más tiempo y envió emisarios a otras ciudades españolas, donde, desde hacía unos pocos años, los festivales aéreos estaban atrayendo a un número de personas mayor que el fútbol. Sí, sí, a bastantes más...
Parecía que el emisario de Málaga había ido a aprender. Pero, a la chita callando, tomó buena nota de lo que vio y le aplicó un filtro que sólo algún festival español utiliza, desde hace unos tres años: el más fundamental concepto de espectáculo. Es decir, Málaga se planteó como objetivo diseñar un festival aéreo, desde el punto de vista de la gente que se sienta en la arena de una playa y que nunca ha tenido nada que ver, ni con un avión, ni con una escuela de pilotos, ni con un aeroclub. Gente de la calle, en suma. Gente que sólo quiere pasar un buen rato. Gente que paga impuestos, con los que se apoyan los festivales aéreos.
Málaga ha sacado matrícula de honor, con su primer festival aéreo. Y no sólo, porque haya demostrado que la capital de la Costa del Sol hace las cosas a lo grande, sino porque ha movido Roma con Santiago, para importar la mejor experiencia en la materia: la de la Asociación Cultural Aeronáutica Española.
Pero lo mejor, quizá, no ha sido eso, sino que la capital malagueña dispone de recursos para crear espectáculos, dinero con el que puede dar sopas con honda a otras ciudades españolas. La sociedad pública municipal Málaga Deporte y Eventos ha sido, a todos los efectos, el elemento impulsor del festival y el instrumento que le puede permitir llegar a convertirse en el avión de arrastre de este tipo de eventos en España. Málaga Deporte y Eventos asimila el concepto de espectáculo a lo grande y al servicio de la ciudadanía malagueña. Y para ello, cuenta con presupuesto propio. Y, por cierto, nada escaso. Con la Fórmula Málaga, los festivales aéreos cuentan ya con un modelo de crecimiento, basado en que un evento de estas características debe ser más un festival que algo simplemente aéreo. CURIOSIDADES
En el FAM también hubo hombres pájaro. Los tres miembros del proyecto Alas fueron los únicos representantes en el festival de esa actividad aeronáutica que se practica a cuerpo descubierto -el paracaidismo-. Sólo saltaron ellos, pero dejaron el pabellón bien alto. Las nubes les obligaron a saltar más cerca del suelo que en otras ocasiones, pero eso no sólo no restó espectacularidad a sus saltos, al contrario, estaban tan "a mano" que cortaron la respiración a todos los presentes, justo desde que salieron de un brinco del An-2 hasta que tocaron impecablemente tierra. Al alcalde de Málaga le gustó tanto que les felicitó personalmente según llegaron. Los fotógrafos de los medios de comunicación presentes se dieron mil codazos para conseguir la mejor foto de los cuatro juntos: De la Torre, Bultó, Corella y López.
 Un festival aéreo con nada menos que 40 aeronaves entrando y saliendo en un periodo de algo más de cuatro horas puede ser la pesadilla de la torre de control del aeropuerto correspondiente. Si, además, los aviones y helicópteros salen de tres bases (aeropuertos) diferentes, la pesadilla podría convertirse en suplicio. Los controladores aéreos rezan todas las noches a sus santos patronos (si es que los tienen y son creyentes) para no verse nunca ante semejante panorama. A los del Aeropuerto de Málaga y el Aeródromo de la Axarquía les tocó el "marrón" indeseable un bonito domingo de septiembre, dos días antes del día de la patrona de la ciudad. Así que tuvieron que ser convencidos de que todo iba a salir bien en el I Festival Aéreo Internacional Ciudad de Málaga. Lo consiguieron el equipo de control de playa que ya tiene a sus espaldas varios festivales más en otras localidades, como Vigo y Barcelona, además de ser unos auténticos profesionales de reconocido prestigio. Como todo se desarrolló sin ningún tropiezo el día 6, ellos mantuvieron la sonrisa que es "marca de la casa" y en las torres malagueñas nadie ha perdido el sueño.
 A Antonio Hinojosa, el ya habitual locutor (es a los festivales aéreos españoles lo que Matías Prats padre fuera a los toros y el fútbol, su voz), le ha salido un gran apoyo para cubrir los espacios "en blanco" que se dan en ocasiones entre actuación y actuación. Ya no tiene que llenar el hueco con uno de esos monólogos suyos sobre aeronáutica, tan didácticos y entretenidos, por otra parte, a los que suele acudir. En este festival ha contado con la inestimable ayuda de un avión arrastrando una pancarta, que entretenía al respetable al tiempo que hacía publicidad de una manera muy apropiada al momento y lugar. Una buena alternativa que podría sustituir a la "solución cheerleaders" a la que no le faltan defensores.
 En un festival aéreo lo que más se ve no son aviones. No. Lo que más se ve son uniformes. Militares y civiles. Y, quien no tiene un uniforme ni militar ni civil, se lo autoconstruye. Sirve un niqui con una leyenda a la espalda, o a la altura del pecho, o en la manga. La organización del FAM lo vio claro y colaboró al uniformamiento general con uno blanco impecablemente bordado con los colores de su logo y del del ayuntamiento malagueño. Otros, para no ser menos, se vistieron su propio niqui-uniforme, así, vimos desde el conocido verde de la patrulla Milano 52, hasta otros que soponen una novedad, como el que lucían los miembros de una escuela de vuelo con la leyenda "Málaga Vuela" en la espalda. Mucha variedad.
 Hay una asignatura pendiente que todavía le queda por aprobar a los festivales aéreos españoles. Se trata de los pases para las zonas restringidas. Las autoridades, los participantes y los miembros de los medios de comunicación se preguntan a menudo de dónde sale esa masa de supuestos VIPs (que nadie conoce, por cierto) y que, con o sin acreditación a la vista, toma casi al asalto los mejores lugares de las tribunas de autoridades, en muchos de los casos acompañados de niños y/o niñas con un incierto interés por el espectáculo y que, antes o después, aburridos y cansados, se dedican a lo que todos los niños y niñas se dedican en las playas. Es decir, a jugar con la arena, correr, gritar y dar la tabarra. Muy bien para la orilla de una playa cualquiera un día de verano cualquiera, muy mal para la zona de autoridades de un evento. Las fotos que ilustran este comentario invitan a la reflexión.
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Números cantan
31 aviones
9 helicópteros
90 pilotos
Cientos de personas dedicadas a mecánica y logística
3 paracaidistas civiles
4 países
Más de trescientas personas entre Bomberos, Cruz Roja, SAMU, Policía Nacional, Policía Local, Guardia Civil, seguridad privada y Protección Civil
Más de 200.000 espectadores |
AMBIENTE
Cuando parece que no puede descubrirse Málaga porque Málaga ya es de sobra conocida, va y aparece una Málaga desconocida. Una Málaga vuelta al cielo. Una Málaga que llena una playa para ver aviones. La misma Málaga que igualmente llena esa misma playa para ver los fuegos artificiales que inauguran su espléndida feria de agosto. Qué bien se les da a los malagueños y malagueñas eso de mirar al cielo desde el borde del mar.
En la primera edición del que sin duda será, a partir de ahora, uno de los festivales aéreos españoles de referencia, los cientos de miles de personas que se dieron cita en la malagueña playa de La Malagueta, ni siquiera eran conscientes de que, con su presencia, iban a empujar al evento un poco más arriba de lo que ya le habían colocado, antes de empezar, sus organizadores presentando una parrilla impropia de un "recién llegado". Una parrilla que ya la quisieran para sí otros festivales con más tradición.
Aunque el ambiente que se vivía en la arena durante el evento era un calco de lo que puede vivirse en cualquier otro festival aéreo de los que se pueden seguir en España, este primer año de Málaga ha tenido, para la gran mayoría del público asistente, esa especial condición de "primera vez" que hace que todo sea un descubrimiento. La primera vez es especial porque lo que se vive y cómo se vive ya nunca vuelve a ser igual. En el futuro podrá ser incluso mejor, objetivamente mejor, pero ya no será la primera vez, ya no podrá ser una novedad.
Esos cientos de miles de espectadores que se fueron a su casa el día 6 con un montón de nuevas experiencias, están esperando repetir. Por eso aplaudieron a rabiar cuando el líder de la Patrulla Águila les transmitió desde su avión por la megafonía de la playa el deseo de la formación de que ese fuera el primero de muchos festivales aéreos en la ciudad. Así se cerró el I Festival Aéreo Internacional Ciudad de Málaga, con una coincidencia de deseos entre participantes y público. Imposible un mejor final.
Destacados con nombre propio
Salvador Ballesta coordinador del festival y, también, director técnico de la patrulla Milano 52. Literalmente, se multiplicó. Estuvo en el aire a los mandos de uno de los tres Yak-52 de su patrulla haciendo filigranas en el aire y, cuando dejó el avión en tierra, se bajó a la arena de La Malagueta, para ejercer de anfitrión del evento. No paró de sonreir, no sólo por su natural simpatía, principalmente porque lo que más tuvo que hacer fue posar para las fotos que parecía que todo el mundo quería hacerse con él.
Francisco de la Torre, alcalde de Málaga. Se preguntaba, al finalizar el festival, cómo mejorar la edición de 2010. Eso significa no sólo que Málaga tendrá una segunda edición el próximo año, sino que será mejor que la primera. Un reto que, en vista de lo que han sido capaces de hacer la primera vez que se han puesto a ello, seguro que consiguen. No hay que perderse el II FAM.
Elías Bendodo, concejal de Turismo y Deporte del ayuntamiento de Málaga. Estuvo pendiente de lo que pasaba en el cielo, descubriendo cómo el espectáculo se confirmaba tan espléndido como él había supuesto. También se felicitó por el éxito de público. Sus previsiones habían sido más modestas, pero sus conciudadanos y conciudadanas respondieron masivamente a la convocatoria lúdica. Estaba satisfecho porque él sabe, además, que Málaga ya tiene un atractivo más para el turismo.
Antonio Jesús López Nieto, el que fuera afamado árbitro de fútbol de primera división, es ahora director gerente de la empresa pública municipal "Málaga Deporte y Eventos", organizadora, junto a la Asociación Cultural Aeronáutica Española (ACAE), del festival. Implicado como el que más, siempre confió en el éxito del festival. No le preocuparon ni las nubes que se empeñaron en ocultar el cielo buena parte de la mañana, confiaba en que se mantendrían suficientemente altas para permitir las actuaciones. Es más, estaba seguro de que el sol terminaría brillando. Y brilló. |

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